The Beatles – A Day in The Life (y IV)

En los anteriores posts hemos hablado de la canción, de su impacto, de su creación y de su grabación. Hoy hablaremos de un personaje especial:

Mal Evans

 

No nos olvidamos del bueno de Mal, el ex-gorila, ahora asistente que contaba los compases de piano en voz alta, coló un despertador en la canción y contribuyó en un 25% en la ejecución del acorde final.

 

Ya sabréis que me encantan no solo los entresijos de las canciones sino los personajes que se mueven alrededor, en las sombras ayudando con su trabajo o con su inspiración.

A Mal no le gustaban los Beatles, era un fan de Elvis, pero un día los conoció (como cliente) en el Cavern Club y se hizo amigo de George Harrison, el cual le sugirió al dueño del local que lo contratara en la puerta, ya que un tipo con su envergadura ayudaría a controlar la incipiente histeria de las fans.

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A los tres meses de trabajar allí se lo llevan de gira puesto que Neil Aspinall (el road manager oficial) no se encontraba bien para llevar la furgoneta, y como se caían bien entre ellos deciden integrarlo al grupo. Les lleva la furgo, monta y desmonta el equipo, etc.

Al final era el “chico para todo”: tiritas, destornilladores, bebida, un abrigo, lo que hiciera falta lo tenía o, si no, lo conseguía rápido.

Se le consideraba el sexto Beatle (el “quinto Beatle” era un apodo honorífico a los que estuvieron en la esfera más cercana, normalmente se le atribuye el sobrenombre de quinto Beatle al mánager Brian Epstein, pero también se le atribuyó al primer batería que formó el grupo, Pete Best, o especialmente, a Stuart Sutcliffe el cual abandonó el grupo para dedicarse a la pintura).

George Harrison, para llevar la contraria diría que el título de Quinto Beatle se lo merecían ex-aequo Neil Aspinall (road manager y jefe de Mal Evans) y Derek Taylor (jefe de prensa).

Sea como fuere, Mal Evans estaba ahí, echando una mano.

 

Mal llevaba un diario personal, y en sus anotaciones escribió:

27 de Enero de 1967:

Sgt. Pepper. Empiezo a escribir canción con Paul arriba en su habitación, él al piano.

Hemos hecho mucho más de “when the rain comes in” (se refiere a Fixing a Hole, cuando aún no tenía título). Espero que a la gente le guste. Ha empezado Sergeant Pepper.

1 de Febrero de 1967

Sergeant Pepper suena bien. Paul me ha dicho que tendré royalties por la canción -buenas noticias, ahora quizá una casa nueva

2 de Febrero de 1967

Grabando voces para Captain (sic) Pepper. Los seis grabando el estribillo de la parte media, trabajamos hasta medianoche.

 

Nunca recibió ningún derecho de autor por ello, pero nunca se quejó. Incluso cuando se distanció del grupo siguió cobrando una paga por sus servicios como en los primeros días.

Se mudó a Los Angeles y ayudó a John Lennon y George Harrison en diversos proyectos, apareció en los créditos de los discos con el agradecimiento de haber aportado “té y simpatía”.

En Enero del 76 amenazó con un rifle de aire comprimido a unos policías que fueron a su casa por una alerta de disturbios. Evans estaba colocadísimo tras una discusión con su novia y su editor y los policías -sin saber que el arma era prácticamente inofensiva- le dispararon seis tiros, cuatro de los cuales le alcanzaron y ocasionaron su muerte.

 

Oh.

Pasa el tiempo.

10 años más tarde (1986), se encuentra un baúl en el sótano de un editor de Nueva York con efectos personales de Evans y se les envía a su familia de Londres. Dentro está el manuscrito del puño y letra de John Lennon de “A Day in the Life”, la familia lo vende a Sotheby’s por 56.600 Libras en 1992.

El 2010 Sotheby’s subasta la partitura esperando multiplicar el precio por 4, mas lo que no esperaban era colocar en el mercado la pieza de memorabilia más cara jamás subastada.

Llegaron a obtener 810.000 libras multiplicando el valor de su inversión por 14 (en dólares, 1,2 millones). Del millonario comprador sólo se sabe que era americano y su identidad nunca fue revelada.

El documento es un folio escrito por las dos caras, una cara en letra minúscula (se supone que es el borrador inicial) y la otra cara en mayúsculas

Paul McCartney, evitó que se repitiera esta locura sabiendo que Mal había ido recopilando cosas por aquí y por ahí, y que en el baúl podía haber de todo. Consiguió evitar que se subastaran manuscritos de otros temas como “With a little help from my friends” argumentando en el Tribunal Superior de Justicia que la recolecta de material que Mal había hecho se debía a sus cometidos como empleado del grupo y, por tanto, estos pertenecían colectivamente a The Beatles. Me parece un buen argumento, especialmente si se tiene en cuenta que nunca dejó de cobrar de la banda (poco, eso sí).

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