The Beatles – A Day In The Life (III)

Llevamos ya un par de posts sobre este fantástico tema de The Beatles (post 1, post 2) hoy lo acabamos aunque dejo un post adicional en el que os hablaré de un personaje que está saliendo habitualmente en esta serie, Mal Evans.

 

Interludio Orquestal #3: Crescendo

De nuevo la orquesta, dirigida por el propio Macca.

Temiendo que unos estirados músicos de orquesta no acogieran con agrado participar en la grabación de un tema de rock psicodélico, John apareció con una idea digna del más moderno de los coaches para relajar el ambiente: encargó sombreros de fiesta ridículos y narices y calvas de plástico para que se los pusieran durante la grabación y así se relajarían más.

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El truco funcionó, participaron con agrado de la grabación y se mostraron más proclives a una flexibilidad que no se esperaban.

Paul no había escrito un pasaje para 40 músicos (es decir, 40 partituras distintas), sino que tenía la idea en la cabeza, pero necesitaba de la participación y maestría (expertise, que se dice ahora) de los músicos.

Así que George Martin (el productor) simplemente cogió un puñado de partituras en blanco y a cada uno de los músicos les escribió dos notas: la del inicio y la del final, empezando con la más grave que pudiera emitir el instrumento y terminando con la más aguda y que correspondiera al acorde de Mi Mayor con el que quería que terminaran todos. Por el camino del medio les dio la libertad que subieran ese espectro musical a la velocidad y ritmo que quisieran, pero terminando todos a la vez, que por algo era el director.

A los locos censores, reprimidos como ellos solos, obsesionados por encontrar cualquier referencia obscena tampoco les gustó este crescendo, lo consideraban una especie de “orgasmo de sonido” que alteraba la percepción del oyente y lo dejaba desconcertado. También lo asociaban a un subidón de droga.

Pero no había nada de lascivo en todo ello, en realidad todo está en la podridas mentes de los censores. Como decía Paul: “Todo tiene un doble sentido, si lo buscas durante el suficiente tiempo.”

La desazón, el desconcierto que provoca esta canción (y muchas otras) se debe a un truco musical, buscado o no: la Cadencia Deceptiva (o Rota), un truco que ya usaban Bach o Mahler.

El truco consiste en que estamos habituados desde siempre a “prever” qué nota viene después de otra, acostumbrados a una estructura habitual o estándar de acordes y cadencias. Cuando “rompes” esta cadencia y el sonido o la nota que viene después no es la que nuestro cerebro espera, se produce una reacción casi alérgica a la canción, una sensación de extrañeza o inestabilidad.

Glen Burtnik, ahí donde lo veis, con su chupa de cuero y su guitarra, define la Cadencia Engañosa como:

Glen Burtnik, de los Styx

Es un caso en el que el oyente asume que el próximo acorde, o nota de la melodía irá a algún sitio al que realmente no acaba yendo. Pese a que todas las indicaciones te hagan suponer que obtendrás una determinada consecución, el arreglista intencionalmente te sorprende, yendo a otro sitio musicalmente diferente. No estoy seguro que sea fácil de entender, tan condicionados como estamos al resultado 

Bien, hemos llegado a clímax y hay una pausa, una pausa que dura exactamente un compás.

Compás de Silencio

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Y tras esa pausa, el acorde de Mi mayor eterno:

Coda. Acorde de Mi Mayor

Para grabar este “simple” acorde, necesitaron un día exclusivo, en la última sesión ya habían hecho diversas pruebas terminando el tema con una armonía de sus voces, pero vieron que después de la orquesta, quedaba bastante ridículo, así que probaron un final a la altura.

Lennon, Starr, McCartney y Mal Evans (el asistente) tocaron el acorde simultáneamente en tres pianos

En una de las tomas se oye como Paul le da instrucciones al chico para todo, Mal:

Paul: “Tienes el pedal de resonancia pisado, Mal?”

Mal: “… ¿Cuál es ese?”

Paul:  “El de la derecha, el que está al final del todo. Hace que el eco continúe.”

John: “Mantenlo pisado todo el rato.”

Paul: “Bien. A la de cuatro. Uno, dos, tres …”

BAMMMMMMMM

Porque no tenían cuatro pianos, que si no Paul y Ringo no estarían compartiendo piano

Necesitaron un total de 9 tomas porque les costaba mucho sincronizarse los cuatro y golpear al mismo tiempo, además no está alargada con ningún truco más que subir al final del acorde los potenciómetros de la mesa de mezclas a tope para poder recoger el máximo audio de los micrófonos.

Acorde de Mi Mayor, ya sabemos algo más

El problema de tener los micrófonos tan altos al final de la toma es que cualquier sonido en el estudio, por pequeño que fuera, era recogido en la mesa de mezclas. De esta manera (dicen, yo no he conseguido oírlo) al final del acorde se llega a oír incluso el ruido del aire acondicionado de los estudios y el crujir de una silla.

En una de las tomas que estaba quedando perfecta, Ringo Starr se movió de su posición y le chirrió el zapato ligeramente, teniendo que soportar la posterior mirada fulminante de Paul.

De las nueve tomas, se quedaron con la última.

Como la cinta de grabación era de 4 pistas George Martin puso esta toma en tres de las pistas para que tuviera más volumen (como si sonaran 9 pianos, en lugar de 3, al igual que había hecho con la orquesta) y la cuarta pista la hizo con el mismo acorde tocado con un armonio, sin alargar el resultado ni un segundo.

David Crosby, de los Byrds estaba en el estudio aquel día, y relata así su experiencia:

Me hicieron sentar, tenían unos altavoces enormes como baúles con ruedas y me pusieron uno a cada lado del taburete. Para cuando el acorde llegó al final… tío, ya tenía los sesos desparramados por el suelo…

La canción que cerraría el mejor disco de la historia ya estaba grabada, pero aún le faltaban un par de detalles para imprimir en vinilo.

Dog pitch

En el surco que lleva la aguja al final centro del disco, Lennon le pidió a George Martin que grabara la nota más aguda posible, inaudible para los seres humanos, pero que, supuestamente, vuelve locos a los perros. No sé si algún perro presenció semejante locura, lo buscaré.

Surco final

Y, en el loop final del álbum, en la última vuelta eterna donde se queda la aguja repitiendo el mismo surco hasta que el oyente retire el brazo (o funcione el auto-return del tocadiscos) hizo grabar una serie de sonido cacofónico, con ruidos de estudio, risas y palabras de Paul.

El resultado era bastante sorprendente, la idea era que pareciera que el disco se había grabado mal. No deja de ser una precuela de los famosos bonus tracks, imposibles de esconder en un vinilo.

Solo las copias inglesas tienen estos dos añadidos del sonido agudo para los perros y el ruido final, en las copias americanas no aparece.


 

En el próximo y último post hablaremos de uno de los personajes que han salido en este monográfico: Mal Evans.

 

 

 

 

 

 

 

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