Dos en la carretera (Two for the road) – (1967)

¿Habéis ido alguna vez a un restaurante y en una de las mesas una pareja cena en silencio?

De eso va Dos en la carretera

Dos en la carretera es una película agridulce que deja en el recuerdo una sensación contradictoria, pues muestra en la misma cinta, y con los mismos protagonistas, una historia de amor completa, desde el enamoramiento hasta el hastío. Con el tiempo, y como nos pasa con nuestras experiencias propias, recuerdas mejor los sabores dulces que los amargos, por eso la película a largo plazo se recuerda con cariño pese a que, si la acabas de ver, te quedas un poco mustio.

Una pareja formada por una pizpireta jovencita y un prometedor arquitecto se conocen de rebote por las carreteras del sur de Francia y, oh sorpresa, se enamoran. Mediante la técnica del flashback, el director Stanley Donen nos muestra diferentes facetas de su historia, desde los momentos más tiernos hasta los más amargos.


Tengo que decir, no sé qué pensáis vosotros, que empaticé más con el personaje de Audrey Hepburn (Joanna) que con el de Albert Finney (Mark Wallace), pues aunque se trata de un arquitecto simpático y despreocupado a veces sus réplicas resultan demasiado tajantes y carcas.

Pero en su defensa, tenemos que situarnos en el tiempo, en el contexto cultural: esta película se hizo hace 50 años, cuando el hipismo apenas existía, siendo todavía una semilla de los anteriores beatnicks. Por tanto, aún no se hablaba de liberación de la mujer, las drogas recreativas, la libertad sexual o la vida bohemia, y en el mundo del cine todos los papeles masculinos representaban al macho alfa clásico, protector, condescendiente, sin ninguna inseguridad ni ninguna duda, lo que ahora se llama retrosexual.

Mira, una palabra nueva.

Una vez eximido Albert Finney de lo cerrado de su personaje, vayamos a por la Hepburn.

Audrey Hepburn al principio no quiso interpretar a Joanna, por miedo a la novedad narrativa de los saltos en el tiempo: demasiado avant-garde, pero su papel le da la oportunidad de mostrar sus matices interpretativos, yendo de la candidez al desprecio, de la alegría a la resignación.

Two for the Road (1967) | directed by Stanley Donnen | starring Audrey Hepburn and Albert Finney:

 


 

Mark: What kind of people just sit like that without a word to say to each other?

Joanna: Married people?

Esta pregunta (y la demoledora respuesta) se repite varias veces a lo largo de la película, y no siempre repetida por los mismos personajes. Pero si bien al principio resulta un chiste a los ojos de la joven pareja, se convierte en una dura realidad cuando han pasado los años y tanto Joanna como Mark han ido dejando atrás todas las promesas que se hicieron a sí mismos y el uno al otro, los juegos y la improvisación del principio han desaparecido y se han convertido en un matrimonio predecible y rutinario.

Se prometieron no tener hijos, se prometieron disfrutar cada día, se prometieron respeto y dedicación…


La pareja, feliz en la playa, improvisando un baño sobre la marcha, sin toallas ni crema solar factor 50
Pasados unos años, son incapaces de disfutar de su nuevo estatus

Tras engaños, reproches e infidelidades, deben afrontar la situación y decidir si quieren -y si pueden- seguir adelante.

No entraré en valorar cómo trata el director (o el guionista) las infidelidades de uno y otro, o cómo parece que solamente él tenga necesidades sexuales y ella decida “si toca o no toca”. Tampoco vamos a ir a degüello con una cinta británica de los 60 que bastante hizo con innovar con la línea narrativa e introducir novedades como una trama muy concreta en el espacio (carreteras europeas) y en el tiempo (abarca un período de doce años).


Como os decía, el montaje está hecho a base de continuos saltos adelante y atrás en el tiempo que nos permiten conocer diferentes etapas de su vida, y, como en el caso de la playa, podemos observar sus distintas reacciones en esas fases de su relación.

Uno de los referentes que tenemos en la  cinta para saber en qué momento de la historia estamos son los vehículos que usan:

Cuando se conocen, Mark no tiene coche y se mueve de acá para allá en autostop, Joanna va en una VW con un coro de chicas

La furgoneta Voslkwagen Micro Bus con la que viajaban las chicas, en la cuneta
Mark, sin éxito, intenta que le pare un Peugeot 403… ¿habéis visto qué forma más rara de hacer auto-stop?
Joanna tiene más suerte y consigue subirse a un Alfa Romeo Giulia Sprint Coupé

En la siguiente época, están recién casados pero aún no tienen coche propio, van de viaje con una ex-novia de él, su marido y la consentida/repelente hija de ambos, en un Ford Country Squire


Más tarde, aparece su primer coche, un destartalado (pero precioso) MG TD



Gracias al accidentado fin de este coche conocen al que será el primer gran cliente de Mark, un tal Maurice al que Joanna terminará odiando por absorber tanto a su marido.

Maurice, conduciendo un Bentley S1

Cuando Mark ya tiene trabajo lo vemos conduciendo un Triumph Herald rojo mientras su voz en off nos lee una carta en la que le dice a Joanna lo ocupado que está.

Por lo que se ve en pantalla, sus ocupaciones tienen el pelo rubio.

Compitiendo con un Renault Floride Cabriolet


Cuando tienen mas éxito pero se hallan en el punto más crítico de su relación van con un Mercedes 230SL del 65

Curiosamente, el vehículo era propiedad del director, Stanley Donen.

 


También la ropa que luce Audrey Hepburn nos indica el paso del tiempo y su ascenso en el estatus social, empezando con jeans y terminando con alta costura

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Audrey Hepburn in Two for the Road wearing the so called “Unwearable” Dress designed by Paco Rabanne, 1967
Unwearable” de Paco Rabanne

 

 




 

En la película tenemos también la oportunidad de ver a una jovencísima Jacqueline Bisset 

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Ah, una curiosidad.

Audrey Hepburn le tenía auténtico pánico al agua, para la escena en la que Mark la tira al agua el director tuvo que contratar a buceadores que debían estaer en la piscina para ayudar a la estrella a salir, así ella se sentiría más segura.

Casi ná. Pero las fobias son las fobias.

Tal era la tensión en el momento del rodaje que la escena se tuvo que repetir puesto que los buceadores se apresuraban demasiado en acudir al rescate, entrando en el plano de la filmación y estropeando la toma.

 

 


 

 

Y como selección musical os dejo el tema principal, escrito por Henry Mancini, el cual encontró muy difícil escribir la banda sonora para una película con tantísimos planos y cambios de escenario y época, pero manifestó que terminó muy satisfecho con el resultado final, siendo uno de sus trabajos favoritos.

 


 

 

 

No creo que 50 años más tarde vaya a hacer un gran spoiler, tan sólo comentar que cuando están decidiendo qué hacer con sus vidas Mark acaba de dejar a su antiguo cliente Maurice y la pareja cambia de país (se van a Italia), un momento y escenario perfecto para comenzar una nueva vida.

Las dos líneas finales de la película son:

Mark: Bitch!

Joanna: Bastard!

Que aquí las tradujeron por las insulsas: “Bruja!” y “Bobo!” lo que deja un final bastante más descafeinado que el original.

 

Anda, no comáis en silencio.

Un comentario en “Dos en la carretera (Two for the road) – (1967)

  1. Ooooooooh, me ha encantado el post, la historia (no vi la peli, no sé si es buen momento para verla), el cómo la narras, las anécdotas, la selección de imágenes, la evolución en todo, wow, genial!

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