La Loba (The Little Foxes) – (1941)

Con la voluntad aquella que te da el inicio de curso de cumplir antiguas promesas (ir al gimnasio, hacer dieta, aprender a tocar un instrumento o ver cine clásico) de momento he empezado a cumplir la más “sofaril” de todas.

Así que, previamente a revisar viejos y grandes clásicos, he elaborado una pequeña lista de películas que pudieran ser interesantes para mí verlas de nuevo, o verlas por primera vez, como es el caso de la que escribo hoy: “La Loba“.

La Loba (The little foxes en su título original, extraído de un pasaje de la Biblia) es una película sobre la ambición desmedida y la contrapone con la necesidad de ser amado (la contrapone un poco con calzador, si se me permite).

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La moraleja de la película es que el deseo de poder y dinero te aleja de los sentimientos auténticos, incluso los carnales y fraternales.

Esta pérdida de escrúpulos ante la posibilidad de obtener mayor poder o riqueza (que no es lo mismo) actualmente ya se da por asumida y como necesaria: no hay más que ver grandes blockbusters del cine reciente (El Lobo de Wall Street, Wall Street, La Gran Apuesta, American Psycho, o la fenomenal House of Cards) pero es tratada también desde el otro punto de vista, del que ve amenazada su integridad moral para obtener un rédito mercantil (Jerry Maguire, Glengarry Glen Ross).


 

Si bien luego entraré a hablar de la actriz protagonista, Bette Davis, primero quería comentar un aspecto técnico que me llamó la atención.

A los pocos minutos de empezar la película, en una escena hay tres personajes hablando en primer plano, el padre y el hijo se acaban el desayuno, se levantan de la silla y se dirigen al exterior por la puerta que se ve al fondo; la cámara, sin embargo, no se ha movido de su sitio, ni ha abierto el plano.

Automáticamente, un clic en mi cabeza: “La profundidad de plano! Cuánto “daño” hizo Orson Welles”, pienso. Esto que ahora nos parece una obviedad y un recuso fácil, resultaba una novedad en el cine de los 40 y no se habia hecho antes por motivos técnicos. La profundidad de plano no sirve solo para hacer aparecer y desaparecer personajes por el fondo de la escena en lugar de hacerlo lateralmente, también sirve para situar personajes, objetos o paisajes que narrativamente cabe destacar.

Si bien en las representaciones teatrales, a veces se coloca a personajes en un segundo plano, semi-ocultos en una cortina escuchando las conversaciones de los protagonistas, en el cine este recurso resultaba bastante tosco, y si pretendías alejar a un actor de la escena, se perdía entre penumbras. Para contrarrestar ese efecto debían trabajar mucho la escenigrafía de los estudios reforzando la iluminación de los personajes y escenarios alejados de modo que la cámara los pudiera captar con suficiente luz para reflejarse en la cinta.

Ok, entonces te viene a la mente Ciudadano Kane, donde Orson Welles se lució usando la profundidad de campo como recurso técnico, de manera que había en una misma escena distintos personajes con distintos  niveles narrativos, así que esto no era ninguna novedad…

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Arriba: Ejemplos de la profundidad de campo de “Citizen Kane”


 

…Pero… espera, ¿de qué año era Ciudadano Kane?

¿anterior, no?

¿cómo? ¿también del 41?

¿del mismo año que esta película?

¿realmente el recurso técnico-narrativo se difundió tan rápidamente?

 

La respuesta la tenemos en este señor de mirada atormentada en plan (“¿el seguro del coche lo hago a todo riesgo… o a terceros ya me servirá?”):

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Su nombre es Gregg Toland, y el secreto es que trabajó en las dos películas a la vez como director de fotografía. Gracias a él la profundidad de campo y la iluminación añadieron una nueva dimensión a las hasta entonces películas “planas” de Hollywood.

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Observamos al fondo la figura de la cuñada heredera, ahora relegada a un segundo plano por los tres ambiciosos hermanos. Podríamos trazar una línea con las cabezas en la que ella estaría en el vértice del ángulo.

 

 Aqui David, el Pepito Grillo de la historia, observa y analiza a los personajes que pasan tras su ventana: dos niveles, dos distancias, dos realidades, como si estuviera viendo un teatro de guiñol

Cuatro personajes, tres niveles: Los dos hermanos que hablan, el sobrino semiescondido en la cortina, acojonado por la trama, y la hija en lo alto de la escalera, como testigo involuntario

Decía antes que el desenlace de la película en el plano sentimental se ve un poco forzado, y quizá la culpa sea de la magnética interpretación de Bette Davis, casi nos importa menos de lo que le importa a ella misma si acaba quedándose sola y abandonada por todos, porque ella misma ha escogido el camino y no ha sido capaz de ver lo que iba a perder en su adicción al dinero.

Nos ofrece una interpretación tan redonda que nos creemos que su personaje será capaz de sobreponerse al dardo envenenado de la última pregunta que le lanza su hija: “¿tienes miedo?

Y es que Bette Davis era aficionada a escoger papeles antipáticos, en una época en que las actrices de Hollywood deseaban tan solo personajes ingenuos, sensuales y cautivadores; no sólo eso sino que solían ser papeles de edad mayor a la que realmente tenía (en La Loba, Davis tenía 33 años, sólo 10 años más que la actriz que interpreta a su hija), papeles que las actrices de su edad desdeñaban por querer interpretar siempre a la cándida contraparte de los roles masculinos imperantes.

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La Davis, ejerciendo

Su participación en  “Cautivo del Deseo” (1934), que sorprendió a crítica y público, provocó un cambio excepcional en las normas de los permios Oscar, de manera que, pese a no estar nominada, se permitió excepcionalmente que los jueces votaran libremente por ella o cualquier otra actriz. No ganó, pero este hecho fue suficiente como para que se cambiaran definitivamente las normas de votación de la Academia de Cine para que las candidaturas no fueran decididas por un pequeño grupo de críticos sino por todos los miembros de la Academia, y que una empresa auditora, Price Waterhouse, auditara el proceso a partir de entonces.

Al año siguiente consiguió el Oscar por “Peligrosa” y siempre sostuvo que el nombre de Oscar se lo puso ella al trofeo al decir que el trasero de la estatuilla se parecía mucho al de su marido Harmon Oscar Nelson. Actualmente esta versión no es la oficial, sino la que todos sabemos de la bibliotecaria de la Academia.

Por cierto, su marido no tendría tan sólo un sugerente trasero de estatuilla, sino unas espaldas más bien anchas, pues tuvo que soportar la presión de la prensa y de la opinión pública por casarse con una mujer que ganaba 10 veces más que él.



Del reparto cabe destacar 2 personajes, a mi gusto: la tía Birdie (antigua heredera aristócrata, ahora arrinconada tras haberse casado con uno de los ambiciosos hermanos, y que sirve de alerta a su sobrina para ver cómo puede acabar su vida) y al pretendiente David, que anima a Zan (diminutivo de Alexandra) para que tome las riendas de su vida y se emancipe.

D: ¿Sabes? Esa ha sido la primera vez que he visto que tu madre te diga de hacer algo y no lo cumplas al instante

A: Eso es fácil decirlo

D: Das un paso. y después das otro. Y al cabo de un tiempo te darás cuenta que estás caminando por ti misma

 

A: El tío Oscar no ha venido por nuestra casa desde… desde aquella noche que no quiero recordar. Lo intento todo el tiempo.

D: No te gusta pensar en las cosas ¿verdad, Zan?

A: No empieces otra vez!

D: Siempre confiando en que alguien piense por ti

A: Ya me estoy cansando de que me digas eso. No es cierto! ¿Qué es lo que quieres que haga?

D: Me gustaría que te fueras de aquí

A: ¿Irme de aquí? Estas loco! ¿Qué es lo que haría? ¿Adónde iría?


En fin, película recomendable tanto a nivel interpretativo, técnico y argumental, si uno puede vencer la (hasta ahora) autoimpuesta urticaria cultural de ver una película de hace 75 años.

Probadlo.

 


 

 

Y, en cuanto a la sugerencia musical, seré poco original y os enlazo con la estupenda “Bette Davis Eyes” de Kim Carnes, una canción del 81 que se convirtió en un clásico instantáneo

2 comentarios en “La Loba (The Little Foxes) – (1941)

  1. Me ha gustado mucho la explicación de los planos, la profundidad de campo en el enfoque gracias a la iluminación. El efecto contrario sería jugar con el enfoque y enfocar un diferente plano según le interese al director.

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