El escándalo Payola

En cualquier referencia a la industria musical de la segunda mitad del siglo XX, tarde o temprano acaba apareciendo el “tema” Payola. Afectó a empresas discográficas, emisoras de radio, de televisión, artistas, promotores, managers, deejays, locutores y, sobretodo, a un público consternado.

El escándalo Payola se basa en el soborno de empresas discográficas y representantes a emisoras de radio y DJ’s para que programaran la música que les interesaba.

Nada nuevo bajo el sol, la verdad, pero en su momento fue un bombazo porque, como siempre, hay más “chicha” detrás del titular: celebridades, dinero a porrillo, desilusión, engaño y decepción.

Pongámonos en situación:

En Enero del 60, se propuso aplicar una multa de 500 dólares a los DJ’s de radio que aceptaran sobornos de las discográficas, así como el paso por prisión durante un año, la sospecha de que se estaba realizando esta práctica causó una amplia investigación de la asociación nacional de emisoras de radio, las cuales también se jugaban la licencia de emisión si permitían estas prácticas.

Sólo hubo que esperar hasta mayo de ese mismo año para que pescaran a Alan Freed y otros siete.
¿Quién es Alan Freed? Ni más ni menos el locutor que acuñó el término “Rock’n’roll“, una auténtica referencia en las ondas americanas.
Festivalazos los que montaba el Alan Freed, nene

En este recorte de prensa, anterior a Alan Freed, se ve el caso de un DJ denunciado por la emisora de radio donde trabajaba, la cual le acusó de haber cobrado 40.000 dólares de las compañías discográficas durante cuatro años, una “prima” prácticamente igual al salario que le pagaba la emisora.
Se sospecho, sin embargo, que la emisora lo sabía de antemano (y lo aceptaba, pues era práctica común) y que se aprovechó de la emisión de la ley sólo cuando el DJ quiso dejar el trabajo.

Pero volvamos a Freed, el cual siempre afirmó que:
“aceptaría un regalo de alguien al que hubiera ayudado, pero no aceptaría un soborno para poner una canción”
(políticos corruptos, aprendan de Alan Freed, ni que sea para poner una excusa ante la prensa)
Se le imputaron 26 cargos de soborno comercial, pero lo saldó con una sanción. Después se endureció la ley y la multa podría haber llegado hasta los 10.000 $
¿Se fue Freed de rositas?
No, la cadena lo despachó y nunca más levantó cabeza.
Todos le dieron la espalda y murió 5 años más tarde prácticamente en la miseria.

El segundo DJ archi-famoso implicado en el escándalo fue Dick Clark, quien (sorpresa) siempre negó estar envuelto en el tema.
Pero Clark, todo un sabueso en las inversiones, participaba directamente en la industria musical, ya no era simplemente sospechoso de cobrar bajo mano por promocionar un disco: directamente invertía en las compañías discográficas.
En las vistas, se reveló que Dick Clark cobraba una media del 27% de los beneficios de los discos que habían disfrutado de un 23% de popularidad de los últimos 28 meses en los USA. Pedazo de tajada de pastel, señores.
Admitió las inversiones como una manera de ahorrarse impuestos, pero los números cantan: invirtió 125 dólares en una discográfica menor (Jamie Records) la cual tenia 163 canciones en su catálogo.
Por los 125 dólares obtuvo derechos sobre 143 canciones (de las 163!!), el beneficio que obtuvo tras emitirlas fue de 11.900 dólares, prácticamente multiplico su inversión por 100!!
Dick Clark, el Mario Conde de las ondas

Pero no acaba ahí… tirando del hilo se acusó a Jamie Records de pagar sobornos por 15.000 dólares, de los cuales Dick Clark afirmó que no vio ni uno (ya…).

El comité de investigación no le creyó en este punto, pero como les pareció que era un tío majo lo absolvieron con una amonestación menor y, eso sí, para evitar el conflicto de intereses tuvo que vender su participación en las siete compañías independientes, seis discográficas, tres distribuidoras y dos agencias de talento. Ay, pillín.
Su final fue más digno, presentó programas de TV musicales y concursos hasta avanzada edad y fue un presentador idolatrado hasta su muerte. Otro día hablaremos de American Bandstand.

¿Por qué estos dos finales tan distintos?
No me quisiera ir del tema, pero se juntan varios motivos: el carisma personal, la rebeldía de Freed, el puritanismo de Clark y, sobretodo, la hipocresía de la época.
Perdón, la hipocresía de siempre.

Alan Freed era el DJ rebelde, encarnaba el espíritu del rock’n’roll, lenguaraz, contestón, se mezclaba con músicos negros, era fumador, mal hablado y con mirada de loco. Dick Clark era el “yerno de América”: guapo, educado, bien vestido y la gomina que no falte, emitía versiones del rock versionadas y edulcoradas para el público blanco (véase Pat Boone).

Clark se ganó el respeto del público y del jurado como merecedor de una segunda oportunidad, no pasó lo mismo con Freed; por suerte, Clark en un futuro no muy lejano contribuyó a la normalización de la multiracialidad en televisión, con lo que, relamido presentador domesticado, te redimimos.

“No lo haré más, señorita”

Otro caso, el de Tom Clay “nobody was wrong… it was just business

Pausa, vamos a retroceder en el tiempo.
Os va a gustar

¿Cuándo se empezó a pagar por difundir música?

Existen indicios de que en las primeras épocas del vodevil, los compositores o, directamente, los propietarios de una canción, sobornaban a los músicos y las orquestas para que las incorporaran en sus programas (con trajes, bebidas, una participación en los derechos, etc), con esto los compositores conseguían no tan solo fama y renombre para que se les solicitara más trabajo sino que conseguían fuertes ingresos con un producto comercial que hoy en día no tiene el peso que tenía antes: las partituras.
Podías asegurarte un futuro cómodo si conseguías que una orquesta o un espectáculo de vodevil incluyera una pieza tuya en un repertorio que podría estar de gira por todos los USA, llegando a un público de millones de personas (en una época que los impactos culturales/musicales eran infinitamente menores a los de hoy).
Al final la práctica se fue extendiendo por todos los rincones de la cultura popular: desde qué canción se ponía en los organillos callejeros o qué rollo se ponía en las pianolas hasta qué canciones se cantaban en los cabarets o tocaban las big bands.
Dinero
Dinero
Dinero
Money, money, money
¿ Os ha molao?

Entonces, ¿por qué el escándalo en 1960 y no antes?

Aquí tenemos que fijarnos en el momento puntual de la industria discográfica, de la industria cultural y en el bienestar de los 50 y 60.
Culturalmente, estaba naciendo el rock’n’roll, con nuevos artistas dirigidos a un público que antes no existía: los jóvenes.
Estos jóvenes (y sus padres) se lanzaban con entusiasmo a la nueva sociedad de consumo: coches, lavadoras, productos producidos a gran escala para la generación post-Segunda Guerra Mundial en una América próspera en la que la guerra no había impactado en suelo nacional (ok, Pearl Harbor) y dónde no habían edificios por reconstruir, puentes por tender o carreteras por rehacer; es más, las fábricas e industrias exportaban a todo el mundo por su tejido industrial inmaculado, y también como “agradecimiento” por parte de Europa por haberles ayudado a ganar la guerra. Los USA se afianzaban como potencia mundial.
La industria discográfica contaba, además, con un aliado para ese consumo inmediato en bolsillos llenos: el sencillo de 45 rpm.
Nuevos grupos salían constantemente, y ya no podías esperar a que en tu emisora sonara esa canción: la tenías que comprar. El disco sencillo (single), mucho más económico que el álbum, ayudó a implantar el consumo masivo y prácticamente inmediato de la música.
Evidentemente, las radios, con sus listas, eran los prescriptores de quién oirías y quién no.

Años antes, los sobornos a emisoras no tenían un retorno tan alto como el que ahora experimentaba el mercado discográfico. Ahora era una locura.


La industria del disco producía artistas nuevos cada semana y enviaba copias promocionales a las emisoras de radio, cruzando los dedos y esperando que se conviertieran en el nuevo hit, llegando a  publicar más de 100 lanzamientos a la semana.
Igual que pasa hoy en día, apenas el 10% de los lanzamientos llegaba a éxito o ni tan solo conseguía dar beneficios ¿Cómo distinguirse entre tanta oferta?
Las discográficas vieron que los jóvenes tenían recursos, les gustaba el rock’n’roll, escuchaban la radio y se dejaban influenciar por el criterio del DJ de moda en la zona, vaciando las estanterías de las tiendas de discos de los lanzamientos que el DJ había recomendado.
Nació la figura del “promotor”, que iba visitando las emisoras con las copias promocionales en una mano y el sobrecito con los billetes en la otra.

¿Qué hay de lo mío?

El importe de la mordida dependía evidentemente de la influencia que tuviera el DJ, lo normal eran unos 50 dólares a la semana por tema que promocionase, garantizando un mínimo de emisiones.

Un DJ mejor posicionado se podía llevar una comisión de la venta de entradas de un concierto que promocionara (recordáis el cartel del Alan Freed ahora?), viajes promocionales, cajas enteras de discos para vender o revender (algunos DJ tenían tiendas de discos locales, toma ya conflicto de intereses) y fiestas a tutiplén.

Algún DJ de los top-top confesó haber recibido hasta 22.000 dólares de la época para promocionar una única canción. Se desdijo en las vistas.


 

Pero, ¿cómo estalló todo?

Siempre hubo sospechas de sobornos y chanchullos en la promoción de artistas, ya sabéis, el “todo el mundo lo sabe“, “esto va así“, “yo ya lo sabía…“, “a mi me han dicho que…“, “el cuñado de mi primo…” pero nunca ninguna certeza ni, sobretodo, nada que hiciera saltar la alarma, ni tan sólo el hecho que pudiera ser dinero que no tributase al fisco hizo actuar a las autoridades.
Había laxitud y permisividad, puesto que aunque era hacer trampas, no perjudicaba a nadie (excepto al artista que no estuviera dispuesto a entrar en el tema).
Y este es, para mí, el punto central. El eje “psicológico” del asunto.
Y no provino de la radio.
Provino de la tele.
Un concurso de la televisión llamado “Twenty One” tenía una bajísima audiencia puesto que los concursantes eran de un pésimo nivel y no acertaban las respuestas.
Geritol, el espónsor del programa amenazó con retirar el patrocinio, con lo que la cadena empezó a realizar algo que hoy en día no es nada anormal: un casting de concursantes, buscando que no fueran unos palurdos y que dieran bien en cámara.
Pero ahí no acababa el tema, para evitar que se pusieran nerviosos o que los que habían superado el casting empezaran a perder programas, empezaron a amañar el concurso.
Al principio preguntaban sobre temas y especialidades sobre los cuales sabían que los concursantes no podían fallar, para más adelante proporcionarles previamente las respuestas. Tal cual.
Al final todos los programas estaban guionizados, de manera que consiguieron que los concursantes acertaran y fallaran cuando debían hacerlo para dar más emoción a los marcadores. Se les instruía sobre tics y coletillas que debían usar, se les apagaba el aire acondicionado de las cabinas para que sudaran cuando había que sufrir, etc.
Consiguieron subir el nivel de los pobres inocentes que se presentaron para batir al concursante estrella, el cual lo tenía todo a su favor. Al final incluso los dos concursantes estaban en el ajo. Los hacían empatar para tener más gancho y también acumularon ganancias para que el reclamo del premio fuera suficiente para atraer a más y más audiencia con el típico reclamo de “el mayor premio de la TV“. No nos engañemos, tú y yo sabemos que funciona.
En 1958 los investigadores descubrieron que el concurso estaba amañado (no sólo “Twenty One“, también “$64.000 Question“), tras airear el tema uno de los concursantes-actores, resentido porque la cadena se había enamorado de otro concursante y lo obligaron a perder.
Cuando el Congreso los investigó tuvieron que cambiar las leyes que regulan el juego puesto que en ningún sitio se regulaban los concursos televisivos en este aspecto.
¿Os suena la historia, verdad?
En 1994 la película “Quiz Show” (el dilema) reconstruyó el caso.
 
El Congreso extendió la investigación al negocio musical y la ASCAP (la SGAE americana) se unió a la acusación puesto que una nueva asociación de artistas, BMI (donde se habían afiliado todos los nuevos artistas del rock’n’roll),  vendía el doble que la ASCAP y ésta tenía sospechas que sólo lo podían conseguir mediante el soborno.
Con lo cual el asunto saltó de la televisión a la industria del disco.
En esa América floreciente, inocente y cándida, los americanos se despertaron un buen día descubriendo que en la espalda llevaban una etiqueta que ponía “consumidores”.
Todo lo que escupía la tele les parecía veraz, todas las recomendaciones de música les parecían genuinas, de repente descubrieron que ellos no miraban la tele, la tele los miraba a ellos.
Se sintieron manipulados por primera vez y en propia carne, que es como más duele.
Hoy en día, todo esto ya es conocido y no quiero hablar de la manipulación comercial ni mucho menos la intoxicación informativa. Pero por desgracia, cuando en una serie o programa de televisión sale un cartelito que pone “emplazamiento publicitario” avisándonos de que las sopas que Jorge Javier Vázquez nos esta recomendando dentro de su programa forman parte de una campaña comercial, uno echa de menos que no aparezca ese mismo cartelito en las noticias.

En fin.


 

 

¿Porqué “Payola“?
La palabra proviene del blending de los términos “Pay” (pagar) y “Victrola” (una marca de tocadiscos que, por extensión, se usó para todos los tocadiscos, igual que usas la marca Kleenex parar referirte a todos los pañuelos de papel, sean de la marca que sean).
El nombre de “Victrolas” venía a su vez de unir las palabras “Victor” (el fabricante, después adquirido por RCA) y “Pianola”, para referirse a que tocaba “solo” (ya sabéis, en 1920 a la gente se le había de explicar todo)
Con “Payola” asociabas rápidamente el término pagar + música.
Otras versiones dicen que Payola viene de “PAY Off LAw” (pago fuera de ley), pero me parece una explicación menos veraz.
A partir de ahí, se ha llamado “Payola” a la práctica ilegal del pago o soborno para la difusión de una canción, siempre que la misma sea emitida como una reproducción natural y normal, sin que sea presentada como un disco promocional o esponsorizado.
Aquí es por donde cruje todo, amigos. Podéis ver el panorama actual de la radio musical en España dónde todo esta copado por las mismas franquicias. Es imposible hoy en día que las emisoras de radio musical independientes sobrevivan con los ingresos de publicidad radiando solamente lo que le apetezca al DJ.
Estas grandes cadenas de radio, con un mercado perfectamente segmentado, cuentan en sus ingresos con los ingresos promocionales de las discográficas, y para ello se disfrazan de actos de revestida normalidad como “giras” (o “fiestas” o “festivales”) de artistas con las cadenas y en el caso de emisoras más “retro” con el típico doble CD de grandes éxitos que promocionan sin parar, o las “100 mejores canciones de…”
En fin, no es ninguna crítica, es la situación del mercado, simplemente se ha normalizado y mercantilizado el panorama promocional.

No quisiera alargarme, pero por suerte otras plataformas (como MySpace o YouTube) permitieron resquicios para que los artistas difundan su obra y tengan una oportunidad de exposición adicional.



Os dejo con “Payola Blues” de Neil Young
https://www.youtube.com/watch?v=IEF4NMeUwO4

“Ésta va por ti, Alan Freed, allí donde vayas, hagas lo que hagas

Porque las cosas que están haciendo hoy te están dejando como un santo!”

This one’s for you Al Freed, Wherever you go, whatever you do’Cause the things they’re doing today Will make a saint out of you

Payola blues. I’ve got the payola blues

Even though I already paid my dues.

Listen to me Mr. D.J., hear what I’ve got to say

If a man is making music, they ought to let his record play.

Payola blues

No matter where I go I never hear my record on the radio.

Well, here’s three thousand, that ought to get it on.

Well, thanks a lot man! I love your new song.

Payola blues

No matter where I go I never hear my record on the radio.

And it goes like this.

I got a brand new record company,
new manager too.
Got a great new record,
I can’t get through to you.
Payola blues
No matter where I go
I never hear my record on the radio.

How about this new Mercedes Benz,
that ought to get it on.
Well, thanks a lot man!
I’ll play it all day long.
Payola blues
No matter where I go
I never hear my record on the radio.

I’ve got the payola blues, payola blues
I’m paying those payola blues
No matter where I go
I never hear my record on the radio.



Disco
Bodegas Neo
D.O. Ribera del Duero
Tempranillo
Aromático, sabroso, frutoso y tostado.

5 comentarios en “El escándalo Payola

  1. Curiosa diferencia de destino entre Dick Clark y Alan Fred. Uno con estrella y el otro estrellado.
    Muy buena la primera estrofa del tema de Young, ha expresado de maravilla lo que siempre he pensado sobre este tema.
    Para mi lo que ha sido de remate es ver que este tema cuya primera estrofa me ha alucinado pertenece a uno de los discos mas odiados de Young, al que respeto mucho. De todos modos creo que es el momento de escuchar este disco y reconciliarme con el Young que hizo lo que le dio la gana y cuando le dio la gana.

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