Adivina quién viene esta noche (1967)

 

El otro día de casualidad, como siempre pasan las mejores cosas, cuando encendí la tele recuperé esta película (por desgracia, ya empezada).

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Seguro que ya sabéis de qué va: Joey Drayton, una chica acomodada de San Francisco, vuelve de pasar unas vacaciones en Hawai donde ha conocido a un médico con el que planea irse a Ginebra y casarse; él y sus padres irán a cenar esa noche a casa de los Drayton para conocerse, sin saber, ni los padres de él ni ella, que la pareja de su hijo/a no es de su mismo color de piel.

Este es el trailer:

 

Ahora quizá no nos parecería argumento suficiente como para que una película tuviera el revuelo que tuvo, ahora tendríamos que añadirle algún ingrediente más, pero si nos ponemos en 1967 hay que tener en cuenta que Martin Luther King aún estaba con vida luchando por los derechos civiles y muchísimos disturbios raciales y protestas estaban por ocurrir.

La película está trufada de diálogos entre los 6 protagonistas (los 2 novios y sus 4 padres) a los que habría que sumar las oportunas contrapartes de la criada y el monseñor amigo de la familia.

Uno de los mejores diálogos, por que incluye además el ingrediente de la ruptura generacional, es el que mantienen el joven médico y su padre, el cual le advierte: “en 16 o 17 estados violaríais la ley, seríais criminales“.

 

 

¿Parece terrible, no? Piensas: “Qué tiempos aquellos!, Qué barbaridad, ¿Cómo se podía ser tan intolerante hace sólo 50 años?”

Os invito a dar una vuelta por la web de Human Rights Watch para que veáis que quizá Estados Unidos se ha actualizado, pero en el resto del mundo no pocos países basan sus idearios políticos, legales y policiales en creencias de raza, religión o sexualidad.


Si nos remitimos a lo que se podía ver en televisión y cine sobre parejas de distinta raza, aún faltaban 2 años para que en Estados Unidos se pudiera ver un beso interracial: fue en Star Trek (1969), aún así el beso -en el argumento- es un beso forzado, no de amor.


 

Bueno, también he de decir, que pillar la película empezada me evitó volver a ver de nuevo esta escena de baile sin sentido en medio de un peliculón (de vergüenza ajena):

Parece salida de una peli de Austin Powers. Groovy, baby!


 

El monólogo final con el que Spencer Tracy cierra la película está lleno de emoción, interpretación y, cómo siempre, más de una historia adicional añadida. Vamos a por ello:

Spencer Tracy se estaba muriendo, todos lo sabían. De hecho, Tracy murió 17 días después de terminar la película. Solo por eso, imaginaros la emoción que puede imprimir un intérprete al saber que va a rodar la última escena de la última película, de su último trabajo. Se masca en cada plano la emoción contenida de cada actor.

Para que la compañía le permitiera hacer la película sabiendo su estado de salud, Tracy tuvo que depositar su salario completo y comprometiéndose a no cobrarlo hasta terminar el trabajo. Aún así, Tracy trabajó sabiendo que hacía años que se había merecido un descanso y quiso afrontar la muerte en plena actividad.

¿Por qué él y Katharine Hepburn aceptaron hacer esta película, sin ningún adelanto previo?  Porque era una película sobre el amor sin tabúes, ni barreras, ni prejuicios, ni cuchicheos; los mismos tabúes, barreras, prejuicios y cuchicheos que debieron soportar Hepburn y Tracy en su relación sentimental de 27 años. Él, católico convencido, no quería divorciarse de su esposa cuando conoció a Katharine, ella soportó/respetó este impedimento  y condujeron su relación de amantes en secreto, aunque ampliamente aireada en todo Hollywood, pero nunca se pudo obtener una fotografía de ellos juntos que no fuera exclusivamente profesional.

Paralelamente hay que añadir que ambos se implicaban políticamente con los Demócratas y con el movimiento por los derechos civiles, otro motivo para enrolarse en el film anti segregación.

Por todo ello, el speech final de Spencer Tracy interpretando a Matt Drayton, es triplemente emotivo: por su delicado estado de salud, por el reconocimiento del amor prohibido y por que Tracy confiesa en voz alta y clara, y de una vez por todas, el dolor por el amor.

Cuando Hepburn oye a su amante decir en voz alta -y para quedar recogido para siempre- que los recuerdos que tiene de ella siempre permanecerán ahí, claros, intactos e indestructibles no puede reprimir lágrimas auténticas de emoción, de alivio y de tristeza. Allí no está llorando la galerista Christina Drayton, es Katharine Hepburn la que llora.

Y cuando Tracy dice en la versión española “debéis uniros el uno al otro estrechamente, desafiando a esos mentecatos” (…) en la versión original pronuncia “screw what the rest of the world thinks about your love” lo que lleva a la Hepburn a no poder contener la emoción.

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Os dejo aquí la escena del monólogo final (y final de la película) en versión original y más abajo el texto original y en español:

“Now Mr. Prentice, clearly a most reasonable man, says he has no wish to offend me but wants to know if I’m some kind of a *nut*.

And Mrs. Prentice says that like her husband I’m a burned-out old shell of a man who cannot even remember what it’s like to love a woman the way her son loves my daughter.

And strange as it seems, that’s the first statement made to me all day with which I am prepared to take issue… cause I think you’re wrong, you’re as wrong as you can be.

I admit that I hadn’t considered it, hadn’t even thought about it, but I know exactly how he feels about her and there is nothing, absolutely nothing that you son feels for my daughter that I didn’t feel for Christina.

Old- yes. Burned-out- certainly.

But I can tell you the memories are still there- clear, intact, indestructible, and they’ll be there if I live to be 110.

Where John made his mistake I think was in attaching so much importance to what her mother and I might think… because in the final analysis it doesn’t matter a damn what we think.

The only thing that matters is what they feel, and how much they feel, for each other. And if it’s half of what we felt- that’s everything.

As for you two and the problems you’re going to have, they seem almost unimaginable, but you’ll have no problem with me, and I think when Christina and I and your mother have some time to work on him you’ll have no problem with your father, John.

But you do know, I’m sure you know, what you’re up against.

There’ll be 100 million people right here in this country who will be shocked and offended and appalled and the two of you will just have to ride that out, maybe every day for the rest of your lives.

You could try to ignore those people, or you could feel sorry for them and for their prejudice and their bigotry and their blind hatred and stupid fears, but where necessary you’ll just have to cling tight to each other and say “screw all those people”!

Anybody could make a case, a hell of a good case, against your getting married. The arguments are so obvious that nobody has to make them.

But you’re two wonderful people who happened to fall in love and happened to have a pigmentation problem, and I think that now, no matter what kind of a case some bastard could make against your getting married, there would be only one thing worse, and that would be if – knowing what you two are and knowing what you two have and knowing what you two feel- you didn’t get married.

Well, Tillie, when the hell are we gonna get some dinner?”

 

“En cuanto al Sr. Prentice, desde luego un hombre muy razonable, dice que no tiene intención de ofenderme, pero me pregunta si he perdido el juicio.

Y la Sra. Prentice dice que igual que su marido solo soy un trasto viejo y acabado que ya ni remotamente recuerda lo que es querer a una mujer como su hijo quiere a mi hija.

Por extraño que parezca esa es la acusación de entre las que hoy se me han hecho que puedo rechazar de plano. Porque está usted equivocada, equivocada a más no poder.

Admito que no había considerado eso, ni siquiera había pensado en ello, pero sé exactamente lo que él pueda sentir por ella. Y no hay nada, absolutamente nada de lo que su hijo sienta por mi hija que yo no sintiera por Christine.

¿Viejo? Sí, ¿acabado? Sin duda.

Pero puedo asegurarle que mis recuerdos siguen vivos, claros, intactos, indestructibles y seguirán vivos aunque llegue a los 110 años.

En lo que John cometió un error, creo, fue en conceder tanta importancia a lo que mi mujer y yo pudiéramos opinar.

Porque a fin de cuentas, no tiene ninguna importancia lo que opinemos, lo único que cuenta son sus sentimientos y hasta qué punto se quieren el uno al otro.

Aunque sea la mitad de lo que nosotros nos quisimos…es suficiente

En cuanto a los problemas con qué vais a enfrentaros son poco menos que inimaginables pero no tendréis problema conmigo y estoy convencido de que, cuando Christine, tu madre y yo, logremos convencerle tampoco tendréis problema con tu padre, John.

Pero os consta, estoy seguro, a lo que os exponéis.

Habrá un millón de personas aquí, en nuestro país, que se asombrarán, ofenderán y horrorizarán ante vuestra unión. Y tendréis que afrontar esas consecuencias tal vez durante el resto de vuestra vida.

Pero debéis ignorar a esos pobres diablos, o compadecerlos, porque son esclavos de sus prejuicios, fanatismos, ciegos odios y estúpidos miedos. Y cuando llegue el caso, debéis uniros el uno al otro estrechamente, desafiando a esos mentecatos.

Cualquiera podría poner un montón de objeciones en contra de vuestro matrimonio, pero la réplica es tan sencilla que no se atreverán a ponerlas.

Sois dos seres maravillosos que os habéis enamorado y que en definitiva tenéis un simple problema de pigmentación. En tales circunstancias, no importa lo que diga cualquier bastardo contra la celebración de esa boda. Sólo habría una cosa peor, y únicamente sería, que sabiendo como sois, sabiendo cómo pensáis y sabiendo como os queréis, no se celebrara.

Bien, Tillie, ¿cuándo diablos nos darás de cenar?”

 

 

Katharine Hepburn afirmó no haber visto nunca la película finalizada para no tener que enfrentarse de nuevo a la imagen y las palabras de Spencer Tracy.


 

La actriz que interpreta a la hija, Katharine Houghton, era, en la vida real, sobrina de Katharine Hepburn.

Sidney Poitier interpretó varias películas en las que precisamente el tema central era el racismo, dado que fue el actor negro pionero en interpretar un papel principal de película.

 

Pero antes de estas tres películas, había participado en “Los Lirios del Valle” (1963), por la cual se convirtió en el primer actor negro en ganar un Oscar como mejor actor protagonista.

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En esta película, Poitier interpretaba a un vagabundo manitas que ayudaba a unas monjas

También fue el primer actor negro en estampar su firma y huellas en el Grauman’s Chinese Theater

 

Como curiosidad, sus contratos en las películas de esta época estaban hechos en la modalidad “dollar one participation” es decir, participación desde el primer dólar, con el cual cobraba según la recaudación de la película desde la primera entrada que se vendiera (sin mínimos).

¿Queréis quitaros otro prejuicio racial de encima? Cuando intentó cantar con algunos compañeros actores en Broadway, Poitier se dio cuenta que no sabía cantar y que carecía de oído musical.


 

Durante los ochenta, David Hampton se buscó la vida en adineradas casas de New York simplemente afirmando ser el hijo de Sidney Poitier.  Cuando la trampa salió a la luz, el autor teatral John Guare, flipado con que los ingenuos se creyeran a un impostor por la simple mención del nombre del actor, basó su  obra teatral “Six Degrees of Separation” en la historia de este buscavidas.

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Cartel original de la obra de teatro

La versión en el cine (Seis grados de separación, 1993) fue interpretada por Will Smith, otro gran actor por el cual siento fascinación por su olfato (ok, habrá hecho bodrios olvidables, pero ha hecho peliculones que merecen toda una carrera, y lo que le queda).

 


 

La película termina con “The Glory of love“, una canción que siempre la he preferido en la voz de Jimmy Durante, otro abuelete simpático como Spencer Tracy.


 

Honoro Vera Garnacha

Vino servido en la gala de los Oscar 2013

Bodegas Ateca – Zaragoza

Garnacha

Fresco, intenso y sabroso

 

 

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